El aikidō es un arte marcial muy criticado por la gente que no comprende muy bien sus principios o por aquellos que nunca lo ha practicado por un buen tiempo. Al tratarse de un arte marcial pacífico, muchos practicantes de otros sistemas de combate tildan a este arte como “poco efectivo” o “poco realista”. En muchas ocasiones han cuestionado las prácticas, diciendo que las técnicas y los movimientos de los estudiantes están “coreografiados”. Bueno… si los ataques que practican los principiantes no estarían marcados previamente, y si cada cual atacaría como quisiese, se lesionarían constantemente y no aprenderían a reaccionar ante distintos golpes o agarres, ¿no? Tratándose de un arte marcial que contiene muchas luxaciones, llaves e inmovilizaciones es mucho más seguro saber cómo nos va a atacar nuestro compañero y como debemos responder a ese tipo de ataque. Además, de esta manera se logra el perfeccionamiento y el aprendizaje de cada movimiento, técnica y de las mismas caídas.

Todas las artes marciales son efectivas en sí, y la efectividad de cada una depende exclusivamente del practicante. En aikido (así como en otros sistemas japoneses) se practica con conciencia y seguridad. Y lo que hace que desde afuera se lo vea como un arte marcial “suave” es simplemente el hecho de que no es un sistema violento, no hay competitividad y no hay lugar para exhibicionismos. Aunque los que hemos practicado por varios años sabemos que a la hora de la verdad de suave tiene muy poco.

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